El Silencio

Durante muchos años de mi vida pensé que solo me podía conocer en la medida en que mantuviera mi mente activa, generando preguntas constantes y reflexiones con respecto a todo lo que sucedía a mí alrededor. Asumí, de manera ingenua, que identificándome con mis pensamientos y racionalizando cada circunstancia de mi vida podía llegar a comprender la complejidad de mi ser. Cuando inicié mi camino espiritual recuerdo que me hablaban de la consciencia sin pensamientos, frase que no terminaba de entender completamente, ¿cómo es posible ser consciente sin pensamientos?Al pasar el tiempo me di cuenta de lo agotada que me sentía, del cansancio que me generaba pensar tanto cada cosa, formularme un sin número de preguntas e imaginarme desde el ego un sin número de respuestas. Hasta hace poco menos de un año comencé a entender que pensar es no comprender, no aceptar, no amar. Es el silencio el que nos ofrece respuestas, certezas. Una mente saturada de pensamientos y emociones, jamás podrá escuchar la voz de la intuición ni logrará darse cuenta de toda la sabiduría interna que tiene. Por ello, para mí ha sido fundamental aprender a aquietar mi mente, a ser observadora de mi realidad sin juzgarla, aceptando cada cosa que suceda como un acto de humildad y confianza plena en la vida; viendo en el silencio el único camino que me llevara a mi esencia, mi  ser, mi verdad.Fue en el momento en que comencé a asumir el silencio como el mejor cómplice y sabio maestro, que me di cuenta que todo lo que sucede en la vida tiene un propósito de amor y de aprendizaje (si, hasta lo más doloroso lo tiene), y que como asumamos cada situación de nuestra vida depende totalmente de nosotras. Cuando entendí esto, logré identificar que había estado viviendo la mayoría de mi vida como una víctima de las circunstancias que me rodeaban; pensaba que la vida me rechazaba, me odiaba. Hasta hace poco fue que me di cuenta que yo era la responsable de mi vida, que la forma cómo asumiera cada situación era una decisión que yo tomaba y por ello era fundamental hacerme consciente acerca de cómo quería comenzar a decidir de ahí en adelante. Por eso me propuse a ser la creadora de mi realidad y no la destructora. Comprendí que para continuar este camino tenía que reconciliarme con la única persona que estará conmigo toda la vida: Yo.En el momento en que yo misma me convertí en mi más importante prioridad toda la percepción que tenía sobre mi vida dio un giro enorme. Deje de ser la víctima, para pasar a hacer la responsable, la que asume cada momento desde el agradecimiento y el amor. Fui consciente que cada uno de los miedos que tenía habían sido creados por mí, lo que me permitía ser yo misma quien los destruyera. Identifique que el miedo es tan solo la voz del ego que nosotras mismas hemos creado para limitarnos nuestra realidad, estancarnos y no permitirnos vivir desde el merecimiento y la satisfacción.Esto me dio la posibilidad de comenzar a tratarme a mí misma con compasión, siendo ésta la clave para la aceptación profunda de quien soy y el reflejo de amor por mí misma.  En esa medida ya no valía más la pena cuestionar el pasado, pensar en “los hubiera hecho esto”, todo lo que sucede esta perfectamente diseñado para ayudarnos a seguir nuestro camino de evolución espiritual y emocional.Les comparto un hermoso poema que me envío la astrologa que me hizo la carta astral hace casi un año y del cual continuo aprendiendo cada día:

Mi mirada es nítida como un girasol.

Tengo la costumbre de ir por los caminos

mirando a la derecha y a la izquierda,

y de vez en cuando mirando para atrás…

Y lo que veo a cada instante

es lo que nunca había visto antes,

y me doy cuenta muy bien de ello…

Sé sentir el pasmo esencial

que siente un niño si, al nacer, 

de veras reparase en que nacía…

Me siento nacido a cada instante

a la eterna novedad del Mundo…

Creo en el mundo como en una margarita

porque lo veo. Pero no pienso en él

porque pensar es no comprender…

El mundo no se ha hecho para que pensemos en él

(pensar es estar enfermo de los ojos),

sino para que lo miremos y estemos de acuerdo…

Yo no tengo filosofía: tengo sentidos…

Si hablo de la naturaleza, no es porque sepa lo que es,

sino porque la amo, y la amo por eso.

porque quien ama nunca sabe lo que ama

ni sabe por qué ama, ni lo que es amar

amar es la eterna inocencia,

y la única inocencia es no pensar”. Pessoa

Lucía Gómez Mantilla

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